11 mar 2026

Laura Fernández, candidata del Gobierno, será la próxima presidenta de Costa Rica tras arrasar en primera vuelta

Laura Fernández vince le elezioni presidenziali in Costa Rica con un forte margine, superando l'astensionismo e consolidando il potere del PPS. La vittoria segna un cambiamento politico radicale, con rischi di polarizzazione e sfide per un governo senza contrappesi.

02 febbraio 2026 | 06:00 | 9 min di lettura
Laura Fernández, candidata del Gobierno, será la próxima presidenta de Costa Rica tras arrasar en primera vuelta
Foto: El País

Laura Fernández, candidata del Gobierno, será la próxima presidenta de Costa Rica tras arrasar en primera vuelta

Aupada por el presidente Rodrigo Chaves, Fernández logra el 53% de los votos en una jornada marcada por una alta participación

Laura Fernández, de 39 años, será la próxima presidenta de Costa Rica tras obtener un contundente triunfo en primera vuelta en las elecciones generales celebradas este domingo. Con el 31,14% de las actas electorales escrutadas, el Tribunal Electoral ha informado que el Partido Pueblo Soberano (PPS), la organización política del presidente Rodrigo Chaves y Fernández, obtiene el 53% de los votos. Costa Rica, además, venció este domingo un fantasma que ha lastrado su reconocida democracia: el abstencionismo.

La alta participación electoral en los comicios presidenciales, que ha rondado el 66%, muestra la movilización de un electorado que le ha dado una segunda oportunidad al proyecto político de Chaves. El presidente propone un modelo “refundacional”, con una mayor concentración de poder en el Ejecutivo, la reducción de los contrapesos institucionales y reformas a la Constitución.

El presidente salvadoreño Nayib Bukele fue el primero en felicitar el triunfo de Fernández. “Acabo de felicitar vía telefónica a la presidenta electa de Costa Rica, Laura Fernández. Le deseo el mayor de los éxitos en su Gobierno y todo lo mejor para el querido pueblo hermano de Costa Rica”, dijo el mandatario salvadoreño.

La elección del domingo transcurrió con normalidad en un país habituado a dirimir sus diferencias en las urnas. Desde la apertura de los centros de votación, a las seis de la mañana, se formaron largas filas que se mantuvieron durante buena parte del día. Los electores acudieron con entusiasmo y sin ocultar su simpatía por las distintas opciones en disputa. Ni siquiera la lluvia fina que cayó sobre San José por la tarde, ni el descenso de la temperatura, desanimaron a los votantes: las colas persistieron hasta el cierre de las casillas y, ya entrada la noche, miles de personas salieron a las calles en caravanas con banderas partidarias. El sonido de las bocinas acompañó el final de una jornada electoral que volvió a poner en escena el arraigado orgullo costarricense por su democracia.

La victoria en primera vuelta confirma la capacidad del chavismo para capitalizar un malestar social acumulado durante más de una década, aunque sin traducirse necesariamente en un control pleno del poder institucional, afirma Alberto Cortés, coordinador de la Cátedra Centroamérica de la Universidad de Costa Rica.

Esta victoria holgada abre la puerta a un Gobierno sin contrapesos, con capacidad para alinear la Asamblea Legislativa, presionar al Poder Judicial e incluso impulsar reformas estructurales como la reelección presidencial continua, hoy prohibida en el país, asegura el experto. Está por verse el resultado en las elecciones al Congreso.

En ese contexto, el nuevo Gobierno enfrentaría un doble desafío, afirma el experto. Por un lado, intentar avanzar en una agenda de reforma del Estado, austeridad fiscal y reducción del empleo público, medidas que previsiblemente reactivarán la conflictividad social y la movilización ciudadana, históricamente un contrapeso relevante en Costa Rica. Por otro, gestionar una relación compleja entre la presidenta electa, Laura Fernández, y el presidente saliente, Rodrigo Chaves, cuya figura ha sido central en la campaña y cuya popularidad supera a la de su sucesora.

Aunque durante la campaña Fernández fue presentada como la continuadora directa de Chaves, existen indicios de tensiones internas en el bloque oficialista. La experiencia comparada y los antecedentes nacionales sugieren que no es descartable que la nueva mandataria intente construir una identidad propia y autonomía política una vez en el poder.

El trasfondo de este triunfo oficialista es una transformación profunda de la cultura política costarricense: el deterioro de la movilidad social, la ampliación de las brechas territoriales, el desgaste de los partidos tradicionales y la asociación persistente entre política y corrupción. Ese caldo de cultivo permitió el ascenso de un liderazgo confrontativo y antisistema. Con el oficialismo ya instalado en el poder, comienza ahora una etapa distinta: la de medir hasta dónde puede gobernar sin mayorías y cuánto del malestar que lo llevó al triunfo logra realmente resolver.

Costa Rica cerró este domingo una elección presidencial que confirma algo más que un cambio de gobierno: la entrada definitiva del país en un ciclo político distinto, marcado por el desgaste de las identidades tradicionales, la polarización y la movilización de un descontento que llevaba años acumulándose bajo la superficie.

“Estamos viendo una transformación profunda de identidades, el intento de una marca que se abre campo a la fuerza tratando de desplazar a las tradicionales”, explica Ronald Alfaro, coordinador del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica. A su juicio, la clave ahora será medir la profundidad de ese realineamiento a partir del resultado electoral y, sobre todo, de la conformación de la Asamblea Legislativa. “De ahí saldrá la factibilidad o no de cambios sustantivos en el sistema político”, advierte.

Costa Rica, que durante décadas fue presentada como una democracia excepcional en la región, arrastra desde hace al menos diez años señales claras de desgaste institucional y malestar social. “En 2016 dijimos que había una base fuerte de descontento que no se había articulado. Hoy esa posibilidad existe y está atrayendo a todos los ‘anti’”, señala Alfaro, quien subraya la influencia de tendencias internacionales y liderazgos “cool” en la canalización electoral de ese enojo.

Para Mario Quirós, analista político y exasesor del Partido Liberación Nacional (PLN), el país se juega algo más que el próximo cuatrienio. “Estamos en un cambio de ciclo que no se ha terminado de procesar y ahora se define la salida del país para los próximos años”, afirma. El desafío, añade, no es solo ganar, sino gobernar sin profundizar la fractura social, en un contexto de desconfianza, polarización y una conversación pública cada vez más áspera.

Quirós alerta de riesgos democráticos que no pasan necesariamente por una figura en particular, sino por el sistema. “Las mayorías calificadas se saltan esa parte de la democracia que implica negociar y llegar a acuerdos”, sostiene. La campaña dejó imágenes elocuentes de esa tensión: en uno de los episodios más comentados, el presidente Rodrigo Chaves respondió con gestos provocadores —sacando la lengua y lanzando besos— a manifestantes que le gritaban “¡Fuera Chaves!”, una postal de la confrontación que hoy atraviesa a la política costarricense.

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Fonte: El País Articolo originale

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